sábado, 13 de septiembre de 2008

Captación


"Una mirada hacia atrás a la historia reciente de Amé­rica Latina demuestra una cierta tendencia en los líderes rebeldes a buscar la acomodación una vez que han lle­gado al punto peligroso del no retorno. Éste es el proceso de la "captación". Son típicos los casos de las primeras belicosas células comunistas y socialistas formadas en Perú, Colombia y Venezuela durante la década de 1920, a las que pertenecieron hombres hoy tan notables como Víctor Raúl Haya de la Torre, Alberto Lleras Camargo y Rómulo Betancourt. Sin duda, como antiélite presta­ron un servicio útil al retar al statu quo y presionar a los partidos tradicionales para que se renovaran y pusieran al día sus prácticas. El impulso de estos grupos se hizo tan fuerte que, de esos años de conflicto y lucha intensa, surgió la subversión más comprensiva de la sociedad local que se hubiera experimentado desde el lustro revolucionario de 1850. Retaron el "sistema" arriesgando mucho y con mucha dignidad, como se ilustra por sus escritos del período. Y el "sistema" con razón se preocupó por las condiciones socioeconómicas existentes reveladas por aquellos subversores.

"Pero entonces, jugando a la vez con la dinámica de las fuerzas históricas y con las debilidades de la carne, las élites comenzaron a captar a los rebeldes ofreciéndoles buenas posiciones en el "sistema" o dejando que se las tomaran. Una vez allí colocados, los antiguos rebeldes completaron el ciclo de la captación al defender sus nue­vas posiciones, y volviéndose entonces enemigos de auspi­ciar nuevos cambios más profundos. ¿Cuánta tensión se evitó en la sociedad por esta captación de antiélites? ¿Fue la captación, favorable o desfavorable para el cambio socioeconómico que se requería? ¿Fueron las tremendas explosiones sociales que siguieron y la aguda "Violencia" y las guerrillas de años posteriores, una consecuencia de tal captación? ¿Cuál es, entonces, la responsabilidad de aquellos líderes en impedir el cambio profundo en lo económico y en lo social en América La­tina y en dejar tras de sí transformaciones inconclusas? Éstas son preguntas sumamente difíciles de contestar, que sólo recientemente han sido objeto de estudio para distintos investigadores. Siguen sin respuesta.

"Así, en último análisis se llega a un problema de cultura y personalidad. Si los antropólogos y los psicólogos aciertan en este sentido, entonces el ciclo de socialización ­que produce este tipo de liderazgo captable debe romperse por alguna parte. Este rompimiento puede se­r suicida, como ocurrió con el "Che" Guevara y el padre Camilo Torres; puede ser menos dramático para aque­llos otros que creen en formas distintas de acción. En la actualidad se vislumbran algunas señales que indican que no se va a continuar indefinidamente con esta clase de liderazgo captable en América Latina. Aparentemente ya existe un mayor compromiso con los ideales, y hay pro­pósitos más claros entre algunos grupos subversivos. Ade­más, se cuenta con una organización internacional sin precedentes. Esto indica que el ciclo de socialización ha venido desorbitándose desde hace algún tiempo. Pero pro­bablemente debería permanecer en esta extraordinaria condición por lo menos por una generación completa para comenzar a pagar dividendos en el cambio social y convertirse en elemento estratégico para alcanzar un nuevo orden social. Además, tendrá que contar con un liderazgo de habilidad sobresaliente, con el fin de que los errores y los cálculos equivocados en la estrategia que han ocurrido en esfuerzos subversivos del pasado -y que también han frustrado la revolución- no vuelvan a acaecer.

"Si los latinoamericanos -tan sufridos en la perplejidad como yo mismo lo estoy hoy- queremos saber lo que realmente somos y a dónde vamos, probablemente deberíamos continuar preparando a ciencia y paciencia y con todos nuestros recursos aquella estrategia y acción deci­sivas que prometan construir en nuestro medio una nueva y mejor sociedad. La pregunta que debe hacerse hoy no se refiere ya tanto a la incidencia o a la intensidad del cambio socioeconómico, o a sus etapas de despegue y de autosostenimíento: sabemos que esto no ha producido sino resultados ambiguos y un desarrollo sin rumbos. Aho­ra el problema toca a la esfera de los valores sociales y morales: cómo definir la calidad del cambio que quere­mos y en qué dirección queremos que avance.

"La afirmación de América Latina en el mundo mo­derno bien pudiera resultar de su voluntad política para anticipar el conflicto con el presente orden social que esa meta implica, y el dar a la lucha inevitable fines cons­tructivos. Así también podría alcanzarse algo de una autorrealización regional, consumiendo la perplejidad ac­tual y cesando aquella búsqueda larga y tormentosa del ser que comenzó en nuestro continente hace más de una centuria."
Así escribía Orlando Fals Borda en "Las revoluciones inconclusas en América Latina 1809-1968", editado en 1968. Acá hay una primera bifurcación: la captación sistémica de los subversores o el rompimiento. Pero esta ruptura puede asumir distintos cursos de acción. Califica como suicida a una de las alternativas. Sin embargo, reafirma la necesidad de voluntad política en la construcción de valores sociales y morales en la autorealización regional.

En el 2006, a 40 años de la muerte de Camilo Torres, Fals Borda reivindicó la vigencia de los conceptos básicos del "socialismo raizal": la dignidad, el humanismo, la rebelión justa...

Comentó:
"No fue tiempo ni esfuerzo perdido, y hoy tenemos esta ventaja adicional de la perspectiva histórica, del examen desde lejos, que permite destacar lo rescatable de aquel extraordinario proyecto político."
Orlando Fals Borda falleció hace un mes, a los 83 años, promoviendo las contribuciones de Boaventura de Souza Santos y Arturo Escobar, a el Kaziyadu y a la democracia radical; masticando su esperanza en el proyecto de un Frente Unido de los Pueblos que constituyera en 1965 junto con el cura Camilo Torres antes de que este se uniera a la guerrilla.

El cura guerrillero sigue colgando de su cruz.

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