




Abajo, departamentos de horneros con vista a la Plaza.


"No lloréis. ¡No, no, no lloréis! Ya veis que es el día de la justificación. Algo se eleva en esta hora que es el testimonio de nosotros los rebeldes: Yanek ya no es un asesino. ¡Un ruido terrible! Ha bastado un ruido terrible para que haya vuelto a la alegría de la infancia. ¿Os acordáis de su risa? A veces se reía sin razón. ¡Qué joven era! Ahora debe estar riendo. ¡Debe reír, con la cara contra la tierra!"
Dora en "Los justos" de Albert Camus.
"Por poco que se le leyera o se reflexionase, uno se topaba con los valores humanos que él sostenía en su puño apretado, poniendo en tela de juicio el acto político. Incluso su silencio, estos últimos años, tenía un aspecto positivo: este cartesiano del absurdo se negaba a abandonar el terreno seguro de la moralidad y a entrar en los inciertos caminos de la práctica. Nosotros lo adivinábamos y adivinábamos también los conflictos que callaba, pues la moral, si se la toma sola, exige y condena a la vez la rebelión... El orden humano sigue siendo sólo un desorden; es injusto y precario; en él se mata y se muere de hambre; pero al menos lo fundan, lo mantienen y lo combaten, los hombres."
"Albert Camus" de Jean Paul Sartre"Digan lo que digan los eunucos y fariseos morales, el sentimiento de venganza tiene sus derechos. Habla muy bien a favor de la moral de la clase obrera el no contemplar indiferente lo que ocurre en éste, el mejor de los mundos posibles. No extinguir el insatisfecho deseo proletario de venganza, sino, por el contrario, avivarlo una y otra vez, profundizarlo, dirigirlo contra la verdadera causa de la injusticia y la bajeza humanas: tal es la tarea de la socialdemocracia.
"Nos oponemos a los atentados terroristas porque la venganza individual no nos satisface. La cuenta que nos debe saldar el sistema capitalista es demasiado elevada como para presentársela a un funcionario llamado ministro. Aprender a considerar los crímenes contra la humanidad, todas las humillaciones a que se ven sometidos el cuerpo y el espíritu humanos, como excrecencias y expresiones del sistema social imperante, para empeñar todas nuestras energías en una lucha colectiva contra este sistema: ése es el cauce en el que el ardiente deseo de venganza puede encontrar su mayor satisfacción moral."
León Trotsky, "El colapso del terror y de su partido (Acerca del caso Azef), Przeglad Socyal-demokratyczny, mayo de 1909.
En "Los Justos" (1950) Camus trata de la humillación, del grito y de la justicia como cuestión práctica, política y organizativa. No se trató sólo de la libertad íntima como en el "El Extranjero" (1951). Después de "El hombre rebelde" y de las agotadoras polémicas con las ortodoxias de izquierda que causó, quedan las adivinanzas de Sartre.
¿Y Trotsky? Como revolucionario profesional sopesaba metódicamente los acontecimientos, las situaciones y las estructuras. A partir de ese análisis de la práctica revolucionaria se definen tácticas y estrategias sobre la marcha y por supuesto, una moral sin sortilegios ni agüeros ni azar.
La iluminación puede ser aceptada a condición de servir efectivamente a la ilustración. Ambas son productos históricos de la materialidad de lo real y de la dialéctica entre dominación y liberación. La cuestión pasa por unir la producción de los saberes de lo real a los procesos de liberación. El reconocimiento práctico de la coyuntura decisiva en la que somos capaces de gestar el gran acontecimiento que derrumba una estructura para que nazca otro ser. Ahí descubrimos la ética, en el momento político del exceso."Los derechos humanos son el derecho a una política que se inventa, el derecho a la libertad y el derecho a un pensamiento rebelde, el derecho infinito de las posibilidades, el derecho a hacer aquello que nadie hizo jamás, el derecho a declarar que es posible aquello que ha sido declarado imposible, el derecho a usar libremente en política las palabras que se pretende hacer desaparecer: obrero, campesino, desempleado. Pero también las viejas palabras gastadas cuyo sentido hay que volver a encontrar: igualdad, revolución y comunismo. No tengamos miedo de ninguna de estas palabras. Todas estas palabras tienen que ser defendidas, toda palabra que perteneció al pueblo debemos defenderla y, al menos en este punto, podemos unirnos." Alain Badiou (La ética y la cuestión de los Derechos Humanos, revista Acontecimiento, No. 19-20, Buenos Aires, 2000.

"Nosotros sostenemos que la actividad de interpretación del mundo debe seguir vinculada a la actividad de transformación del mundo. Sostenemos que corresponde a los poetas, a los artistas, profundizar en los problemas humanos bajo todas sus formas; que en este sentido, la ilimitada singladura de su espíritu tiene el potencial valor de cambiar el mundo; y que esta singladura -en cuanto culto producto de la superestructura- forzosamente ha de dar mayor fuerza a la necesidad de los cambios económicos en este mundo... "Transformemos el mundo", dijo Marx; "cambiemos la vida", dijo Rimbaud. Para nosotros, estas dos consignas se funden en una."
André Breton, Discurso en el Congreso de Escritores, Segundo Manifiesto del Surrealismo (1935).



