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lunes, 26 de enero de 2009

¿VOODOO CHE?

"El che es cool, y muy pocos políticos hoy en día lo son. El Che además está muerto hace rato (y la URSS también) y por ende, es menos peligroso como símbolo; su mitología también es más amplia que las de otros personajes." Jon Lee Anderson en Rolling Stone (diciembre 2008, Argentina)

Los primeros movimientos de la Revolución Cubana hacen inteligibles la figura de Guevara y el protagonismo popular (versa y vice). A partir de un encuentro con Guevara en La Habana, Ezequiel Martínez Estrada explicó el vínculo carismático entre aquellos elementos:


Che Guevara, Capitán del Pueblo
Ezequiel Martínez Estrada


Fui a, escuchar al comandante Guevara en la plaza Cadenas de la Universidad de La Habana. Hablaría sobre El papel de la Universidad en el desarrollo económico de Cuba, tópico que coincidía con el principal objeto de mi viaje a ese país. Empero, más me acució, determinándome a afrontar la posibilidad de perma­necer en pie varias horas, el interés por observar y es­tudiar a este prócer de la Revolución, sobre quien se ha formado ya una leyenda. Era excelente oportunidad para explicarme en alguna forma el hecho, perceptible desde mi llegada a Cuba, de que el movimiento popular de liberación está vigorizado por un élan religioso. Yo lo he sentido así, y declaro que no me noto capaz de explicarlo por simple razonamiento sin acudir a un lenguaje que no me es extraño aunque tampoco agra­dable. Un lenguaje alegórico.

Al presentarse en público iluminado por concentra­dos focos de luz, la asamblea prorrumpió en un aplau­so efusivo que evidenció el fervor que Guevara ha des­pertado en los jóvenes. Lo escuché con intensa aten­ción, en actitud crítica, para captar en sus palabras y en sus gestos lo que pudiera haber de escénico, ya que la prensa asalariada lo presenta, lo mismo que a Fidel Castro, como a un mistagogo demagógico. Tengo algu­na experiencia de esa clase de histriones de la demo­cracia, producto aborigen de nuestras tierras, y cierta pericia de sus artilugios. Mi posición era, pues, de sim­patía desconfiada.

Habló con elocución tranquila, sin ademanes ni pa­tetismo en la inflexión de la voz, sin énfasis ni recursos oratorios. Habló con dominio del tema y con seguridad de sí. No se dirigió a un auditorio sino a una familia numerosa: llano, con dignidad. Dijo primera­mente cuál era la situación de las industrias nacionales, mantenidas en estado de dependencia con respecto a la producción primaria de azúcar, tal como conviene que sea a los países capitalistas que así estancaron a Cuba en condición de país subdesarrollado. Se refirió asimismo a la falta de técnicos para desarrollar otras actividades que esas del monocultivo, sobre cuyas ba­ses iniciar la liberación del mercado fabril extranjero, y entró en el tema de la función que tuvo la Universidad con respecto a las necesidades de la nación y el pueblo y de cuál ha sido el provecho que ambos obtuvieron de la enseñanza que a los egresados costeó el erario público. Declaró la necesidad urgente de coordinar esa enseñanza universitaria de los tres institutos nacionales con la acción de] gobierno revolucionario, empeñado en colocarla al nivel de otras actividades sociales que se le van adelantando.

Pronto lo escuché con unción más que con curiosidad, lo confieso, y lo admiré en su actitud de tribuno de la plebe, docto y circunspecto como un patricio. La palabra engarza perfectamente en la persona; por lo que dice se sabe lo que es. Exteriormente su figura es la de un personaje bíblico que viste uniforme de fajina en vez de túnica; el cabello y la barba intensos encuadrándole un rostro de adolescente fatigado, los hombros altos y el torso aplanado, sin ninguna robustez corporal, y sin embargo, resistente y poseedor de fuerza comunicativa, de dominio sobre los demás. En todo da la impresión de poder más, que de fuerza.

He leído después su discurso y he advertido que la fría letra impresa conservaba el influjo suasorio de su voz, y que, efectivamente, como él lo dijo con simple convicción, los dirigentes del movimiento revolucionario "son, sin discusión de ninguna clase, los líderes del pueblo", y que "representan para los amos poderosos todo lo que hay de absurdo, de negativo, de irreverente y de convulso en esta América que ellos desprecian, pe­ro que representan, por otro lado, para la gran masa del pueblo americano (del americano nuestro, del que empieza al sur del río Bravo) todo lo que hay de noble, todo lo que hay de sincero y combativo en estos pue­blos llamados despectivamente "mestizos". Verdad fundamental, inciso de un credo efectivamente revolucio­nario expresado en pocas palabras, pues desprecio tan­to como codicia es lo que hay en los dominadores de los indefensos. En la voz de este hombre resuena otra voz más fuerte que habla por su boca, y esto es lo que indigna a los que usan de la palabra para embaucar y difamar. La voz del pueblo -vox Dei- pocas veces se oye sino por altoparlantes estridentes, y entonces no es la voz de Dios sino de los megáfonos. ¿Cómo no com­prender que la Revolución Cubana es la de los macabeos, y que renueva el lema de su caudillo, de que ''quien combate a los tiranos sirve a Dios"? Si han llevado consigo, no tras de sí como los Jefes de regimiento, a poblaciones enteras a los que abandonaron sus hogares por un albur dudoso en que la muerte era lo cien­to; si hombres, mujeres y hasta niños han combatido. afrontando los más crueles sacrificios y penalidades, es porque ese pueblo enfervorizado posea la fe que puede trasladar montañas, meter la montaña en la ciudad, como lo han demostrado los hombres y los hechos increíbles.

Guevara es testimonio de que estamos en presencia de hechos y de seres nuevos, que se apartan de los ca­minos de recua (pavimentados, por supuesto) y abren una brecha en el monte por donde iban los esclavos fugitivos y los animales acosados. Hechos y seres que revelan a los ojos más escépticos la existencia de un carisma histórico, cualquiera sea el nombre que se le de, cualquiera sea la fórmula con que se le exprese.

Este argentino que es ya americano más que cubano, ha encontrado lejos de su patria, como Jonás, la patria en que cumplir con un gran deber de humanidad. Aquella noche nos dio la explicación, al referirse a la voca­ción como impulso de liberación en busca de sí en quien está cautivo. (El se refirió a la vocación, sin darle el sentido que para mí tiene de destino.) Su pro­fesión es la de devolver la salud y defender la vida de los demás; y esto es lo que no constituyó en él una profesión sino un destino, al proyectarse en dimensio­nes continentales. Un saber terapéutico personal se convirtió en una potestad salutífera mundial. Así Albert Schweitzer.

Me preguntaba yo, oyéndolo: "¿Por qué este cubano tan auténtico, este peregrino no habla mi lenguaje de hombre que todavía está retenido por cadenas impal­pables; por qué todos los cubanos saben que, positivamente, nació en Cuba? Comprendo que se le obedezca y se le ame como a quien dejó patria y familia para unirse a los suyos, a quien de lejanas tierras vino para cumplir un deber humano tan grande como era el de redimir a una de las naciones más castigadas de la familia hispánica. Aquí estaba su patria porque aquí es­taba su deber. Nuestra patria está donde es necesario que estemos, nuestros hermanos están donde los encon­tramos esperándonos. Cuba es el hogar de los desterra­dos, la casa solariega, (lo los huérfanos.

Guevara es un símbolo en su persona y en su vida; representa al hombre liberado tanto como al libertador. Nos enseña que antes que riada debemos liberarnos de nosotros mismos y servir a un ideal y no a un dogma. Hombres así (me dicen que nacieron y se multiplica­ron en la guerra) retrotraen la historia industrial a la historia humana; de la noción de guerra entre nacio­nes venales que defienden intereses mercenarios salta­mos a la mitología, a la guerra de los ángeles contra los demonios, de la luz contra las tinieblas, a la concepción de "la historia como hazaña de la libertad" (Croce). ¿No fueron derrotados tácticos de escuela y ejércitos motorizados por la fe y la voluntad de vencer al mal? El lema de la bandera victoriosa, ¿no era "vergüen­za contra dinero"? In hoc signo vinces. ¿Qué intere­ses defendían los labradores, los nietos de los esclavos de las plantaciones de caña, sino alcanzar para ellos y sus hijos, y para nosotros, una vida honrada de paz y de bienestar? ¿Es que están venciéndolos hoy, cuando se les incendian implacablemente los cañaverales, o es que están matándose entre sí de rabia, como alacranes con su picadura? ¿No se ha realizado el prodigio de un pueblo entero que se levanta de su abatimiento y mira a sus enemigos con altivez y dignidad? ¿Con quiénes estamos nosotros?

Nunca, hasta los días trágicos que viví en Cuba, en­tendí sino como blasfemia que se llamara santo “al Señor Dios de los ejércitos"; pero lo comprendí al contemplar la humildad llena de fuerza de un capitán del pueblo, y al pueblo que es su tropa. Asediado por atentados, y sabotajes comprendí que se está librando en el mundo la batalla contra los falsos ídolos; la de los pueblos irredentos contra los déspotas satánicos que mienten y asesinan. Así debieron ser los patriarcas, los jueces y los caudillos, así los profetas, así los héroes de la independencia americana antes de engala­narse con entorchados y charreteras.

Este hombre pálido, de semblante doliente, que aban­donó las filas de la marina de guerra para alistarse en las falanges del pueblo, con los campesinos, y obreros contra los militares corrompidos, dejó el uniforme de los mercaderes de la patria para combatir por los dé­biles y los vencidos, transformándolos en poderosos y triunfantes.

Ha sido para mí, cansado y lejos de la p a t r i a , un bien reconstituyente platicar mas tarde con a quien puedo también yo nombrar Che Guevara. ¿De qué con­versamos? De Argentina, de personas, lugares y cosas que ambos conocimos y que están donde estaban. Los dos conservamos de allá una bandera no mancillada que podemos desplegar en cualquier parte. Che Guevara me transmite la sensación de que también yo puedo hacer algo por mis hermanos y mis hijos desconocidos dondequiera que me lleve el destino.

El escritorio está atestado de papeles; sobre una me­sita, hay un mate con bombilla, especie de amuleto que -únicamente conmueve a los iniciados. Rubén Darío lo llamó "calumet de la paz", porque se bebe en común. Es símbolo de la amistad. El mate, que indefectiblemente nos acompaña cuando hemos partido, es lo último que conserva para el paladar el sabor de la tierra nativa. Nos reconocemos sin habernos conocido. Dialo­gamos como si bebiéramos mate. No hay ningún des­nivel entre su altura y mi pequeñez. Estamos juntos, codo con codo, platicando de igual a igual, pues la condición humana oblitera a todas las otras. En su com­pañía descanso. Insensiblemente el diálogo toma cariz confidencial y sin advertirlo nos hallamos cambiándo­nos recuerdos como prendas de amistad. Oigo a un hombre de ingénita sinceridad, llano y transparente, que cautiva entregándose y que inspira seguridad. Guevara olvidó cuanto aprendió y sabe y vive de nuevo una vida que no le pertenece. Ojalá pueda yo hacer lo mismo.

Che Guevara le llama el pueblo que ignora que en guaraní quiere decir "mi" Guevara. Es del pueblo, efectivamente, y se ha recuperado entregándose a él. Huyendo, como Jonás, ha cumplido un deber imperativo. La mano que lo conduce es visible en el camino que anda.

Me ayuda a incorporarme y paternalmente, él que puede ser mi hijo, me conduce del brazo como si cum­pliera conmigo su misión de amparar y guiar. Así nos despedimos y no nos separamos. Lo miro fijo para no olvidarlo; abarco toda su faz de Judas Macabeo, y siento en mi brazo una energía que me hace sentirme más libre y más resuelto. Comprendo que debo contar, lo mejor que pueda y en la forma más fiel, lo que me ha sido revelado. Cumpliré ese deber hasta el fin. Le digo: "En sus manos hay muchas vidas, y también usted está en otras manos”. Las manos del buen Dios, a quienes sirven, sépanlo o no, cuantos combaten a los tiranos.



sábado, 26 de julio de 2008

Odĭum, Haine, Odio.

Un odio personal y compartido, intransferible y contagioso, grave y feliz, sereno y armado, marca el pulso en la tormenta.

Escribía Emilio Zola en 1866:


"El odio es santo. En la indignación de los corazones fuertes y paternos, el desdén militante de aquellos a quienes la medianía y la necedad enojan. Odiar es amar, es tener el alma ardiente y generosa, es vivir holgadamente despreciando las cosas estúpidas y vergonzosas. El odio consuela, el odio hace justicia, el odio engrandece. Me he sentido más joven y más animoso cada vez que me he rebelado contra la platitud de mi tiempo. He hecho del odio y de la arrogancia mis compañeros; me he compla­cido en aislarme, y en mi aislamiento me ha satisfecho odiar lo que lesionaba lo justo y lo verdadero. Si hoy valgo algo es porque estoy solo y porque odio."

Así comenzaba un genial ensayo que llamó "Mis Odios". El final está muy lejos del canto a la soledad que podría mal interpretarse al inicio:

"Odio a los fámulos que nos dirigen, a los pedantes y a los hombres fastidiosos que rehúsan la vida. Estoy por las libres manifesta­ciones del genio humano. Creo en una serie no interrumpida de exposiciones humanas, en una interminable galería de cuadros, y lamento no poder vivir siempre para asistir a la eterna comedia que consta de mil actos diversos. Soy un simple curioso. Los necios que no se atreven a mirar hacia adelante, miran atrás. Quieren constituir el presente con las reglas del pasado, y quieren que el porvenir, tome por modelo las obras y los hombres de los tiempos que fueron. Amanecerán los días, y cada uno de ellos traerá una nueva idea, un arte nuevo, una nueva literatura. Las obras serán tantas y tan variadas como las socie­dades, y ellas se transformarán eternamente. Pero los impotentes no quieren ensanchar el marco; han formado la lista de las obras ya producidas, y han obtenido así una verdad relativa de la que hacen una verdad absolu­ta. No creéis, imitad. Y he ahí porqué odio a las gentes neciamente graves, y a las necia­mente alegres, y a los artistas y a los críticos que quieren hacer estúpidamente la verdad de hoy con la verdad de ayer. No compren­den que avanzamos y que los paisajes cam­bian. Les odio."

El odio y la toma de partido

El odio personal, ético, "santo", de Zola, no cabe en las fórmulas ideológicas dominantes, como tampoco lo hace el odio de Ingenieros en "El hombre mediocre". Cinco décadas después (1917), Antonio Gramsci se refería a los indiferentes e imponía al odio colectivo el clivaje de clase y el partidismo.

"Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes.

La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?

Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas.

Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la conciencia de los de mi parte el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los indiferentes."

El odio y las armas

Un siglo después del texto de Zola, Guevara coloca el concepto en el cruce de caminos,
cuando está en juego la propia vida y el destino colectivo (1967):

"Por eso es tan importante el esclarecimiento de las posibilidades efectivas que tiene la América dependiente de liberarse en formas pacíficas. Para nosotros está clara la solución de este interrogante; podrá ser o no el momento actual el indicado para iniciar la lucha, pero no podemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello de lograr la libertad sin combatir. Y los combates no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos, ni de huelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruya en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta, donde su frente estará en los refugios guerrilleros, en las ciudades, en las casas de los combatientes -donde la represión irá buscando víctimas fáciles entre sus familiares- en la población campesina masacrada, en las aldeas o ciudades destruidas por el bombardeo enemigo. Nos empujan a esa lucha; no hay más remedio que prepararla y decidirse a emprenderla. Los comienzos no serán fáciles; serán sumamente difíciles. Toda la capacidad de represión, toda la capacidad de brutalidad y demagogia de las oligarquías se pondrá al servicio de su causa. Nuestra misión, en la primera hora, es sobrevivir, después actuará el ejemplo perenne de la guerrilla realizando la propaganda armada en la acepción vietnamita de la frase, vale decir, la propaganda de los tiros, de los combates que se ganan o se pierden, pero se dan, contra los enemigos. La gran enseñanza de la invencibilidad de la guerrilla prendiendo en las masas de los desposeídos. La galvanización del espíritu nacional, la preparación para tareas más duras, para resistir represiones más violentas. El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal. Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aun dentro de los mismos: atacarlo dondequiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá decayendo. Se hará más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma."

Nota: Las fotos que acompañan la entrada son de la película La Haine.

sábado, 28 de junio de 2008

Che cualquiera


CHE

A lo mejor está debajo de la alfombra.
A lo mejor nos mira de adentro del ropero.
A lo mejor ese color habano es una seña.
A lo mejor ese pez colorado es guerrillero.
Yo juro haberlo visto de gato en azoteas.
Y yo corriendo por los hilos del teléfono.
Señor, ¿ha revisado bien adentro de su cama?
Oh John, ¿qué es esa barba que asoma en tu chaleco?
Debiéramos filtrar todas las aguas de los ríos.
Lavar todas las caras de los negros.
Picar la cordillera de los Andes.
Poner a South-América en un termo.
Dicen que en Venezuela montaba una guitarra.
Que en Buenos Aires entraba en bandoneones y Discépolos.
Que en Uruguay punteaba una milonga con el diablo.
Y en el Brasil vestido de caboclo bajaba a los terreiros.
Pero si ayer nomás saltó en Santo Domingo.
Si en Colombia era cumbia de los filibusteros.
Si yo lo vi esta mañana con su risa terrible
soltándose los duendes al espejo.
A mí casi me mata la otra noche,
se me subió con un millón de sátiros al sueño.
Ese lío en Bolivia es cosa suya.
Y esos ladridos en la noche no son perros.
Y esa sombra que pasa, ¿por qué pasa?
Y no me gustan nada esos berridos junto al pecho.
A lo mejor está en la pampa y es graznido.
A lo mejor está en la calle y es el viento.
A lo mejor es una fiebre que no cura.
A lo mejor es rebelión y está viniendo.


Cuando Humberto Costantini escribió este poema se desconocía el paradero de Ernesto Che Guevara. Entonces podía ser cualquiera sin un lugar definido en el planeta, cualquiera capaz de hacer lo debido, cualquiera libre de liberar a cualquiera, cualquiera digno de dignificar a cualquiera y todavía podría ser cualquiera.

jueves, 19 de junio de 2008

Generaciones



Juan Gelman pregunta “¿quién habrá de aguantarle la mirada?” . ¿Quién puede olvidar estos ojos vivos?
Recuerda a Carlos Molina, el payador libre que en plena dictadura uruguaya sólo le puso a sus compañeros de militancia la condición de volver a Uruguay. Después, de pié, afirma todo su cuerpo sobre su dedo índice contra la mesa y la mesa no es sólida ni su cuerpo tiene peso, y canta las cuarenta, apunta y truena un “¿qué será de tus hijos?”.
El viento circula bajo nuestras costillas, inunda los alveolos del sistema y no tiene precio.



sábado, 14 de junio de 2008

Pensamientos

Juan Gelman

Soy de un país donde hace poco Carlos Molina
uruguayo anarquista y payador
fue detenido
en Bahía Blanca al sur del sur
frente al inmenso mar como se dice
fue detenido por la policía
Carlos Molina estaba
cantando hilando coplas
sobre el océano enorme los viajes
los monstruos del océano enorme
o coplas por ejemplo
sobre el caballo que se acuesta en la pampa
o sobre el cielo un suponer Carlos Molina
cantaba como siempre bellezas y dolores cuando
de pronto el Che empezó a vivir a morir en su guitarra
y así la policía lo detuvo
soy de un país donde se llora por el Che o en todo caso
se canta por el Che y
algunos están contentos con su muerte
"vieron" dicen "estaba equivocado la cosa no es así"
dicen y cómo carajo será la cosa no lo dicen o
prefieren recitar viejos versículos o
indicar señalar aconsejar mientras
los demás callan
miran al aire con los ojos perdidos
el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice
soy de un país donde costó creer que se moría y muchos
un servidor entre otros
se consolaba así:
"pero si él dice no hay que
pelear hasta morir hay que
pelear hasta vencer entonces no está muerto"
otros lloraban demasiado como quien
ha perdido a su padre y yo creo
que él no es nuestro padre y
con todo respeto creo que
está mal llorarlo así
soy de un país donde los enemigos no
pudieron depositar un solo insulto una sola
suciedad una sola pequeña porquería
sobre él y hasta algunos
lamentaron su muerte no
por bondad o humanidad o piedad
sino porque esos viejos perros
o muertos con permiso sintieron por fin un enemigo que
valía la pena
que un rayo de peligro
entraba en escena y entonces
iban a poder morir en serio
a manos o a balas de verdad "y no
en brazos de esta especie de disolución
en que nos vamos disolviendo" como
dijo uno de grande apellido
soy de un país donde sucedieron o suceden
todas estas cosas y aún otras
como traiciones y maldades en excesiva cantidad
y el pueblo sufre y está ciego y naides
lo defiende y sólo
el Che se puso de pie para eso
pero ahora
el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice
soy de un país complicadísimo
latinoeruocosmopoliurbano
criollojudipolacogalleguisitanoira
según dicen los textos y los textos que dicen
pues dicen y como dicen
así será la historia pero yo
les aseguro que no es cierto
de este país de fantasía
se fue Guevara una mañana y
otra mañana volvió y siempre
ha de volver a este país aunque no sea más que
para mirarnos un poco un gran poquito y
¿quién se habrá de aguantar?
¿quién habrá de aguantarle la mirada?
pero ahora nomás
el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice
pregunto yo
¿quién habrá de aguantarle la mirada?
¿ustedes momias del partido comunista argentino?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes izquierdistas que sí que no?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes dueños de la verdad revelada?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes que miraron a China sin entender que
mirar a China en realidad
era mirar nuestro país?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes pequeñitos
teóricos del fuego por correo partidarios
de la violencia por teléfono o
del movimiento de masas metafísico?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes sacerdotes del foquismo y más nada?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes miembros del club
de grandes culos sentados en "lo real"?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes los que escupen
sobre la vida sin
advertir que en realidad están
escupiendo contra el gran viento de la historia?
ustedes lo dejaron caer
¿ustedes que no creen en la magia?
ustedes lo dejaron caer
soy de un país donde al comandante Guevara
lo dejaron caer:
los militares los curas los homeópatas
los martilleros públicos
los refugiados españoles masoquistas judíos
los patrones y
los obreros también por ahora
"qué hombre qué hombrazo" sin embargo
me dijo a mí un obrero pedro
se llamaba se llama tiene
mujer que no recibe
hijitos por nacer y el pedro
me decía "qué hombre qué hombrazo cómo
lo quiero" decía el albañil pensando
en su madre una puta
famosa en toda Córdoba y madre
de siete hijos que crió con amor
Pedro ya con mayúscula
¡cómo saludo tu rencor
cómo te beso al pie de tus fracasos!
"qué pelotas" me dijo Pedro un día hablándome del Che
de ciertos adminículos que hierven
bajo la paz conjetural
de este país cosmopolita
el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice
yo estoy escribiendo esto
porque la Casa de las Américas de Cuba
institución muy respetable
ha resuelto publicar un número especial
de su revista dedicado
a testimonios sobre el Che
ahora que lo han muerto
según dicen y Roberto
Fernández Retamar íntimo mío pero más
pedazo mío que anda por ahí
por el Caribe formidable y fosforescente y amatorio y conspicuo
Roberto como dije
ha creído necesario que yo
escriba algo sobre esto o tal vez algún otro
creyó que así debía ser y pidió
artículos poemas etcétera a
colaboradores que
se sentirán más miserables todavía
si eso fuera posible si eso
fuera posible en realidad
soy de un país donde te hago caso
Roberto pero
decime o dime por favor
¿qué me pedís o pides?
¿qué escriba realmente?
te doy noticias de mi corazón nada más
¿alguno sabe en realidad
cuáles son las noticias de mi corazón?
¿alguno cree o creerá que me he negado a llorar excepto
con mi mujer o con tigo Roberto ahora
que narro estas cuestiones
y sé que la tristeza como un perro
siempre siguió a los hombres molestándolos?
soy de un país donde es necesario
no amar sino matar
a la melancolía y donde
no hay que confundir
el Che con la tristeza
o como dijo Fierro
hinchazón con gordura
soy de un país donde yo mismo lo dejé caer
y quién pagará esa cuenta quién
pero
lo serio es que en verdad
el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice bello
con piedras bajo el brazo
soy de un país donde ahora
Guevara ha de sufrir otras muertes
cada cual resolverá su muerte ahora:
el que se alegró ya es polvo miserable
el que lloró que reflexione
el que olvidó que olvide o que recuerde
y aquél que recordó sólo tiene derecho a recordar
el comandante Guevara entró a la muerte por su
cuenta pero ustedes
¿qué habrán de hacer con esa muerte?
pequeños míos ¿qué?
(como nadie se salva
entre paréntesis quiero
no por noción de estupideces posiblemente a mí
referidas
tampoco por piedad o
mera precaución
esas carnes podridas que no pueden
rezar a mediodía
quiero como repito
repetir una historia que no todos conocen y
de la cual hay algunos que
desconfían:
el poeta que escribe su poema
dejando en él la maravilla de
la vida y la muerte del comandante Guevara
ese porteño cordobés de mirada jodida
como de dios como de dioses
sorprendidos en medio de su milagro su
bota podrida por la selva del mundo
quiero decir que este poema o cosa
de la que hay que desconfiar
en la que hay que creer
no se termina en estas páginas
amable lector le ruego
que siga las noticias de los diarios
de la sip y la sap -Sección Angustia
Perimida por ejemplo o
Son Ángeles Potentes o Sobran Algunos
Policías- ruégole gran lector
que lea atentamente
líneas de sangre que se escriben cada día en Vietnam
y también en Bolivia qué joder
y también en la Argentina
caro lector yo le ruego que lea)
el comandante Guevara entró a la muerte
y allá andará según se dice
sé pocas cosas sé
que no debo llorar Ernesto sé que
de mí dependés ahora
te puedo sepultar con grandes lágrimas pero
en realidad no puedo
el poeta en realidad
se abstiene de llorar se abstiene
de escribir un poema sea
para la Casa de las Américas sea
para lo que sea el poeta
apenas si lloró en realidad
sigue mirando el mundo sabe
algún día la belleza vendrá
pero no hoy que estás ausente
el poeta
apenas sabe vigilar
che guevara
ahora deseo un gran silencio
que baje sobre mi corazón y lo abrigue
padre Guevara ¿qué será de tus hijos?
¿por qué te fuiste hermoso
sobre caballos de cantar?
¿quién habrá de juntarte otra vez?

Tomado de http://www.che80.co.cu/

martes, 3 de junio de 2008

Hasta las manos

Vi veri veniversum vivus vici

Cuenta Eduardo Galeano:

El miércoles por la noche el Che Guevara se las arregló para responder a mil preguntas, un enjambre de periodistas lo acribilló sin piedad, y el Che tuvo ocasión de demostrar su habilidad política. (...) Les pedía que preguntaran, por favor, uno por uno.

–Para vestir mi artículo con una nota de color, quiero preguntarle: cómo trabaja usted, si toma, si fuma, si le gustan las mujeres.

–No tomo; fumo. Dejaría de ser hombre si no me gustaran las mujeres; dejaría de ser revolucionario si, por esa u otra razón, no cumpliera hasta el fin mis deberes revolucionarios. Trabajo de 16 a 18 horas por día; duermo seis horas diarias, cuando puedo, y de lo contrario, menos.

Considero que tengo una misión que cumplir en el mundo, en aras de la cual debo sacrificar todo, los placeres corrientes, el hogar, la seguridad personal y quizás la propia vida. Éste es mi compromiso, del cual no puedo desligarme hasta el fin de mi vida.

Yo nací en la Argentina. Pero permítanme que les diga que Martí y Fidel son americanos. Tengo un sustratum cultural argentino, y al mismo tiempo me siento tan cubano como el que más. Siento el sufrimiento de cualquier país de América y también del mundo.

(La Jornada)

Después de ejecutado, mutilaron las manos y entintaron sus dedos para las pericias dactiloscópicas. Un gesto definitivo que certificó la razón de sus dichos.

domingo, 25 de mayo de 2008

De la Vida versus la Máquina.

De este grupo de personas, sólo una está y permanecerá viva.

Y siempre que haya quienes tengan la humanidad de calzar sus zapatos.